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Quedaban los últimos detalles: colocar las puertas de las cámaras, grabar los iconos de los baños, conectar el inmobiliario del baño, señalizar, limpiar…
Sin embargo dos sensaciones teníamos presentes: la satisfacción por acabar este trabajo en el que tanto empeño y cariño habíamos puesto y la nostalgia por no volver a la escuelita, con sus ruidos de propaganda, vendedores de gas, helados, raspados.. Ni volver a ver pasar a los curiosos con sus sombrillas, ni beber el agua de mango que tan rica le sale a doña Flora, ni pelearnos con los “güinis”, ni volver a casa manchados de sudor y barro..
Para el día de la inauguración se mataron 3 pollos blancos que comimos en un delicioso caldo, compartimos la comida con el director, maestros, amigos y los niños. Ese día como listón utilizamos un mecate que, Yahir uno de los niños que vive en la escuela y que tanto nos ayudó, cortó con un cuchillo..
Ha sido una experiencia que en cada uno de nosotros a dejado algo importante, algo que no se va ir ni con el agua ni col el sol.
Gracias…